viernes, 11 de enero de 2013

62



Isabel.



      Cuántas veces hay que escribir una muerte para poder creer en ella. Dime cuántas para sacarse el frío, cuántas para asumir la ausencia. Qué proporción de ausencia, tinta, rabia, para que se vaya la pena. Porque yo hoy sigo viva.
      No puedo dejar de pensar en el corazón atrapado entre costillas, que son jaula. En el dolor de tus caderas, ya estériles. En que tus dedos no sangran más al cortarse con las esquinas de esos poemarios que memorizabas. En el viaje a Japón. En que perdimos el contacto. En que para mí sin duda fue mejor. En que la única imagen que lograste fijar fue la de un fuego y una sonrisa pintada.


Manda huevos que a veces nos cueste menos creer en el coco que en que la gente se muera de anorexia.








Jun Kumaori





martes, 8 de enero de 2013

61






Esta noche que no es noche
pues hay un sol que ilumina
mis fracasos
las faltas de experiencia que veo
en su risa (de ella)
en sus ojos limpios (de él)
refleja un dolor
que no me cabe en los pulmones.



Las consecuencias del Veritaserum como la duda colgando del esternón, las manos frías. En caso de ingerir, lavar estómago y conciencia con agua caliente, canela y tacto a teclas de piano.