miércoles, 28 de noviembre de 2012

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Se le quedaron las manos frías y el corazón blanco. El pelo blanco y los nudillos amoratados, sólo los de la mano derecha. Un tic en el ojo y los labios blancos, blancos y rasgados por no dejarlos de morder. Las rodillas amoratadas, los omoplatos tatuados, las pestañas bajas, el humor amargo.






VII. LA MUSA ENFERMA
Pobre Musa ¿por qué te levantas así?
En tus ojos hundidos hay nocturnas visiones,
y descubro en tu cara, taciturnas y frías,
tantas huellas de horror, cuando no de locura.

¿Es que un súcubo verde o algún duende rosado
te infundieron el miedo o el amor de sus urnas?
¿O es que acaso un mal sueño, con su mano despótica,
te ha anegado en el fondo de un extraño Minturno?

Te quisiera exhalando un olor de salud,
siempre con pensamientos que te den reciedumbre,
y que sientas el ritmo de tu sangre cristiana

al igual que la música de los versos antiguos
donde alternan su reino Febo, padre del canto,
y el gran Pan, que es señor de las mieses doradas.

Las flores del mal, Baudelaire









(Muchas gracias a todos los que leeis, aunque sea a escondidas)


 

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