martes, 20 de noviembre de 2012

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IV

Nuestros ojos nuestros ojos
lluvia del lucero de la tarde
en las mejillas las playas buscan abrigo
nunca otra vez nunca te vestirán manos
arrodilladas con las delineaciones de las venas voluptuosidad
nunca de nuevo nunca con hombro desnudo
tu purpúreo esternón no se madurará perfumes de pomelos
cuando decías te escuchaba cuando escribías te estudiaba
cuando llorabas de nuevo te abría a la piedra blanca
hasta derretirse alma diáfana duración auroral
en el alcor de mi pecho tengo un nombre rasgado
una tupida túnica de Io vaina 
una verdad madurada
con palabras casi elípticas
como el lecho del olivo

sólo soy tu nombre con las mil palabras libres
el imperdible en las lactancias
el arrullo que aplaca la oscuridad
la tierra plena que arrulla tu cansancio
los ojos del águila cuando de noche vienen pesadas sombras portadoras de mirra
y el mar que cierra tus errores en la matriz de su profundidad
pequeña – pequeña yo en tus ojos
crecí


                                                                                             ELENI NANOPULU 



IV.

(coloco en la palma de mi mano
esta tensión polar en la que somos pausa,
este amor en suspenso como un funámbulo,
esta tierra de nadie de los seres de paso,
la intersección de nuestras zonas de penumbra.
come y bebe conmigo, muere con nuestro perro,
camina sin alma junto a mí y únete a mí en secreto,
ahora como una imagen a la que cargaré de tiempo
para que deje de oscilar, como si fuera un péndulo,
entre las casas del cero y el sentido.
inmóvil, te imagino al contemplar
una constelación nocturna,
porque no puedo pensarte,
tengo que imaginarte en un lugar
adonde nadie haya escrito
una palabra.
para parirte
tengo que leer
el cielo)
 


                                                                            GRACE MUREL


Nuevas poesías descubiertas gracias a revistakokoro (¡Qué casualidad de nombre!)



fotografía de Mariam Sitchinava
















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