miércoles, 28 de noviembre de 2012

54





Se le quedaron las manos frías y el corazón blanco. El pelo blanco y los nudillos amoratados, sólo los de la mano derecha. Un tic en el ojo y los labios blancos, blancos y rasgados por no dejarlos de morder. Las rodillas amoratadas, los omoplatos tatuados, las pestañas bajas, el humor amargo.






VII. LA MUSA ENFERMA
Pobre Musa ¿por qué te levantas así?
En tus ojos hundidos hay nocturnas visiones,
y descubro en tu cara, taciturnas y frías,
tantas huellas de horror, cuando no de locura.

¿Es que un súcubo verde o algún duende rosado
te infundieron el miedo o el amor de sus urnas?
¿O es que acaso un mal sueño, con su mano despótica,
te ha anegado en el fondo de un extraño Minturno?

Te quisiera exhalando un olor de salud,
siempre con pensamientos que te den reciedumbre,
y que sientas el ritmo de tu sangre cristiana

al igual que la música de los versos antiguos
donde alternan su reino Febo, padre del canto,
y el gran Pan, que es señor de las mieses doradas.

Las flores del mal, Baudelaire









(Muchas gracias a todos los que leeis, aunque sea a escondidas)


 

domingo, 25 de noviembre de 2012

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Egon Schiele






Como esa segunda oportunidad que nunca tuviste, digo, diste. Como la última calada. Como toda esta puta prosa adolescente.

Nada más alejado de quien eras (lo que no sabías) o como te sentiste cuando te diste cuenta de que eras un sexo sucio, un animal que quiere ser inteligente. Que piensa ahora, a pesar de que la cama llama, la noche es fría y el sueño calma ( los dolores que jamás estarás dispuesto a reconocer)
Cada cual con sus complejos más ridículos cuanto más fundados, más creíbles cuanto más se alejan del maquillaje de sábado y los tacones de hierro.
Arrancar sonrisas torcidas. Y toda esa mierda de que algo debí hacer bien para mereceros en mi vida. O sólo soy una prueba más de lo corrupto.



El profesor dice que el fuego no es metáfora y yo tengo miedo de salir ardiendo. De que el calor prenda mis restos. ¿Aún más miedo al deseo?




Fragmentos raros en notas de móvil después de un sábado raro al final de una semana rara. 














martes, 20 de noviembre de 2012

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IV

Nuestros ojos nuestros ojos
lluvia del lucero de la tarde
en las mejillas las playas buscan abrigo
nunca otra vez nunca te vestirán manos
arrodilladas con las delineaciones de las venas voluptuosidad
nunca de nuevo nunca con hombro desnudo
tu purpúreo esternón no se madurará perfumes de pomelos
cuando decías te escuchaba cuando escribías te estudiaba
cuando llorabas de nuevo te abría a la piedra blanca
hasta derretirse alma diáfana duración auroral
en el alcor de mi pecho tengo un nombre rasgado
una tupida túnica de Io vaina 
una verdad madurada
con palabras casi elípticas
como el lecho del olivo

sólo soy tu nombre con las mil palabras libres
el imperdible en las lactancias
el arrullo que aplaca la oscuridad
la tierra plena que arrulla tu cansancio
los ojos del águila cuando de noche vienen pesadas sombras portadoras de mirra
y el mar que cierra tus errores en la matriz de su profundidad
pequeña – pequeña yo en tus ojos
crecí


                                                                                             ELENI NANOPULU 



IV.

(coloco en la palma de mi mano
esta tensión polar en la que somos pausa,
este amor en suspenso como un funámbulo,
esta tierra de nadie de los seres de paso,
la intersección de nuestras zonas de penumbra.
come y bebe conmigo, muere con nuestro perro,
camina sin alma junto a mí y únete a mí en secreto,
ahora como una imagen a la que cargaré de tiempo
para que deje de oscilar, como si fuera un péndulo,
entre las casas del cero y el sentido.
inmóvil, te imagino al contemplar
una constelación nocturna,
porque no puedo pensarte,
tengo que imaginarte en un lugar
adonde nadie haya escrito
una palabra.
para parirte
tengo que leer
el cielo)
 


                                                                            GRACE MUREL


Nuevas poesías descubiertas gracias a revistakokoro (¡Qué casualidad de nombre!)



fotografía de Mariam Sitchinava
















domingo, 11 de noviembre de 2012

51

Mis fotos, que están aquíaquí.






No más carencias
ni cadencias
de pasos enfermos 
sobre el suelo frío.
No más renuncias 
a la vida fuera,
al sentir con brío.
Cuando llegas y anuncias
que no hay más azul
ni cubiertos
de plástico.
No más bandejas
ni llantos medidos
y guardados
en cámaras o retinas.










         

martes, 6 de noviembre de 2012

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dibujos de Denise Nestor







En los días de lluvia se lo perdonaban todo. Se perdonaban seguir siendo los mismos, él le perdonaba lo bien que lo había aprendido a disimular.
Se perdonaban la distancia y el espacio, que las lágrimas sabían igual y el tiempo importaba cada vez menos.
Pero no se perdonaban la tristeza, y la guardaban con el rencor que aún les hacía sentirse vivos.
En los días de lluvia (sin necesidad de que lloviera) volvían a ellos mismos.