viernes, 14 de septiembre de 2012

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Un día alguien me dijo que cuando saliera, si algún día era feliz, mis ojos dejarían de ser tan bonitos. La belleza de lo triste. Nosotros y nuestra atracción por la desgracia.
Él era un señor inteligente; y a mi me gustaría poder decir que mis ojos son los ojos verdes más asquerosos del mundo, que sólo traen disgustos. Pero bueno, al menos ya no son los dos pozos que eran en esos días. Esos días en que el mundo más pequeño en el que he vivido me resultaba inabarcable. Azul y frío, azul y frío.

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           Hora en que la yerba crece
           en la memoria del caballo.
           El viento pronuncia discursos ingenuos
           en honor de las lilas,
           y alguien entra en la muerte
          con los ojos abiertos
          como Alicia en el país de lo ya visto.
            
                                        INFANCIA, A. Pizarnik 





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