martes, 4 de septiembre de 2012

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Quién nos iba a decir, a ti y a mi, de este frío, de este aullido, de esta falta. Que esta sombra mía terminaría siendo blanca, a fuerza de convicciones a medias y repeticiones en falsas cintas de casette.



A Cloe le gustaba su voz ronca, que le salía a veces rota y se quedaba enredada en su nuez, sólo cuando hablaba después de mucho rato de silencio forzado o gemidos. Desentonaba con todo -¿qué?-, con la luz suave, los ojos entrecerrados, la piel cálida...Como esa sensación de despertar en un sitio que no te corresponde.
Se callaba aprisa, consciente de repente del rasguño que había hecho al aire. Pero ya era tarde, ya le había dado a Cloe el instante de ventaja para ponerse sus medias de topos y correr a guardar el recuerdo antes de que se enfriara.



( Cuando deje de pelearme con blogger, mi segundo carrete lomo y un viaje a Bélgica)

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