miércoles, 18 de abril de 2012

27


Hoy de repente, nos ha entrado un miedo horrible, horrible a olvidarnos. Antes al menos quedaba el daño ¿no? Yo no cazo. Ni elefantes ni personas, ni expongo cuernos en mi pared. En mi pared sólo hay libros. Yo paseo de noche y torcida, y me aterro a mi misma. Pienso en cosas terribles, como una polla o cigarro que me den motivos para llorar de verdad, como mis muslos despedazados en un contenedor. ¿Así no nos olvidaríamos, no? Perdona, ahora recuerdo que siempre fuiste de estómago delicado y de ideas fuertes, que todo este morbo te mareaba, a ti, valiente.

Por mucho pasear torcida no se olvida, por mucho apuntar fechas no se empieza de cero. Nos íbamos a comer el mundo y nos hemos quedado en el pueblo, con todo este frío dentro.



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