martes, 27 de marzo de 2012

23

-Las historias han cambiado, mi querido muchacho
- dice el hombre del traje gris, con un tono de voz imperceptiblemente triste-. 
Ya no hay batallas que enfrenten al bien y al mal, ni monstruos a los que matar, ni doncellas a las que rescatar. Por lo que yo sé, la mayoría de las doncellas son perfectamente capaces de rescatarse a sí mismas o, por lo menos, lo son las que valen algo. Ya no existen los cuentos sencillos acerca de búsquedas y bestias, los cuentos con un final feliz. Las búsquedas ya no terminan con un objetivo claro, ni tampoco el camino a seguir lo tiene. Las bestias adoptan distintas formas y ya no es fácil reconocerlas como antes. Y, en realidad, los finales no existen, ni felices ni de ninguna otra clase. Las cosas se prolongan, se superponen y se vuelven borrosas: tu historia es parte de la historia de tu hermana, que es parte de otras muchas historias, y no hay forma de saber adónde nos conduce ninguna de ellas. El bien y el mal son ahora bastante más complicados: ya no es cuestión de una princesa y un dragón, o un lobo y una niña vestida de rojo. Y...¿acaso no es el dragón el protagonista de su propia historia? ¿Acaso no se comporta el lobo como se le presupone? Aunque tal vez sólo haya un lobo que llegue al extremo de disfrazarse de abuelita para jugar con su presa.


Night Circus, Erin Morgenstern

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