jueves, 16 de febrero de 2012

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        A Amelia no le gustaban las historias de chicos y de chicas, de tópicos adolescentes, de lo que ya estaba de sobra salido. Quería barajar las posibilidades, quería creer que había algo más, y como no podía se refugiaba en sus silencios, en sus largas miradas, y cada una de sus pecas de chocolate era un pensamiento diferente, ¡ y mira que tenía pecas! Por aquellos tiempos nunca pensaba si creía en el amor, pero cuando alguien te dice que eres bonita, ya no tienes que pensar. Aun asi, cuando miraba a Adrian las cosas eran diferentes, eran música y solos de guitarra.
       Ella se estiraba sobre la hierba, y daba rienda suelta a su curiosidad, contestando a preguntas callada, y mirado como se iban sus ganas de bailar. Se quitaba los zapatos, despacito, para tener los pies mojados y marrones. A veces le asustaba su propio deseo de perderse en su pelo; y quería que las palabras no tuvieran intención, ¡ni las miradas tampoco!, que fuera fácil interpretar, que las verdades estuvieran escritas y no tuvieran dobles significados.
        Era egoista a veces: es la única persona a la que he conocido que pedía que la quisieran. Ella lo hizo una vez. 
        Se lo dijo a él, despues de mucho tiempo queriendo decirlo, en verdad, no creo que fuera a nuestro "chico" por nada en especial, también nos lo hubiera pedido a nosotras de haberlo necesitado.
- Alguna vez te han pedido que quisieras.
-¿Cómo me van a pedir eso? ¡No lo podría hacer!
-... Quiéreme
Y tanto que podía, y tanto que lo hizo, y tanto que se comió su orgullo las ganas de decirle que, por una vez y sin que sirviese de precedente, iba a obedecer.








¡recuperando las historias de los amantes del frío!

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